Alertan sobre un “desastre medioambiental” a causa del desecho de las mascarillas

Alertan sobre un “desastre medioambiental” a causa del desecho de las mascarillas

Estudios aseguran que la mayoría de las mascarillas se fabrican con materiales plásticos de larga duración y, al desecharse, pueden persistir en el medio ambiente durante décadas o cientos de años.

Los estudios recientes estiman que se utilizan un total de 129.000 de mascarillas al mes en todo el mundo, es decir, 3 millones por minuto. La mayoría de estas son mascarillas que se desechan y están fabricadas con microfibras de plástico.

Tal y como hemos expuesto los investigadores en un artículo que ha publicado el “Frontiers of Environmental Science & Engineering”, las mascarillas desechables son productos de plástico que no se pueden biodegradar de forma fácil, sino que se pueden fragmentar en partículas de plástico más pequeñas, es decir, en micro y nanoplásticos, que se extienden por los ecosistemas.

La enorme producción de mascarillas desechables es de una escala similar a la de las botellas de plástico, que se estima en 43000 millones al mes. Sin embargo, a diferencia de las botellas de plástico, las mascarillas no se pueden reciclas.

El uso de las mascarillas como elemento de protección, naturalmente aumentó con la pandemia, sin embargo, son pocas las orientaciones sobre cómo reciclarlas de forma segura, por lo que, si no se mejoran la prácticas de eliminación, “se avecina un desastre medioambiental”.

Es lo que señala el director de Revolutions Plastics de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), Steve Fletcher, en relación a un estudio encabezado por dicho centro, el cual indica que los residuos de mascarillas aumentaron un 9,000% entre marzo y octubre de 2020.

Los hallazgos

El estudio indica que durante el periodo analizado se recogieron más de dos millones de piezas de ese tipo de residuos en once países, entre ellos España, Alemania, Australia, Estados Unidos y Reino Unido.

Para su investigación, los expertos se basaron en los resultados de dos bases de datos de código abierto: “COVID-19 Government Response Tracker” y una aplicación de recogida de basura llamada “Litterati”.

La investigación que publica Nature Sustainability muestra además una relación directa entre la legislación nacional y la aparición de residuos que incluían mascarillas y otros equipos de protección personal, como guantes, relacionados con covid-19.

Utilizando estas bases de datos, pudieron trazar un mapa de las respuestas políticas de los países (severidad confinamientos, políticas de uso de mascarillas) y obtener una línea de las proporciones de utilización de esos productos desde septiembre de 2019 hasta los primeros seis meses de la pandemia.

El estudio indica que entre marzo y mayo del año pasado, cuando se dieron los confinamientos más severos, el vertido de mascarillas fue escaso, pero se incrementó.

Entre junio y octubre, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el uso de mascarillas para facilitar la interacción social y se relajaron los confinamientos, la proliferación de estos artículos “aumentó drásticamente”.

El equipo investigador instó a los gobiernos a que establezcan políticas y legislación para la eliminación de las mascarillas usadas cuando hacen su uso obligatorio.

“Se avecina un desastre medioambiental”

Fletcher, por su parte, destacó que “a pesar de que se ha dicho a millones de personas que usen mascarillas, se han dado pocas orientaciones sobre cómo eliminarlas o reciclarlas de forma segura. Si no se mejoran las prácticas de eliminación, se avecina un desastre medioambiental”, dijo.

La mayoría de las mascarillas se fabrican con materiales plásticos de larga duración y, al desecharse, pueden persistir en el medio ambiente durante décadas o cientos de años.

El equipo señala que la presencia descontrolada de mascarillas en el medio ambiente puede actuar, a corto plazo, como un vector viral potencial.

A largo plazo, los artículos desechados en el medio ambiente, si están hechos de plástico, acabarán convirtiéndose en microplásticos, con el potencial de entrar en la cadena alimentaria.

Además, los animales grandes pueden sufrir complicaciones si las comen o se enredan en ellas y asfixiar a organismos más pequeños y a la vida vegetal.

Roberts indicó que hay que evitar que “esta basura pandémica se convierta en un legado duradero” y consideró que las nuevas políticas deberían contar con un asesoramiento bien estructurado y, sobre todo, con infraestructuras que ayuden a eliminar los residuos.

Vía: https://noticiasambientales.com/

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