Estas son las plantas que resisten a la radiación en Chernóbil

El surgimiento de una de las reservas naturales más aisladas y grandes del mundo despierta una gran incógnita, ¿por qué las plantas no mueren ante la radiación?

En 1986, segundos antes de que explotara el reactor 4, la temperatura dentro del núcleo del reactor alcanzó 4650 grados Celsius; la superficie del Sol registra 5500 grados. La fuerza de la explosión, equivalente a 66 toneladas de dinamita, hizo que el techo del edificio de 20 pisos del reactor saltara por los aires, destruyó por completo todo lo que había dentro del núcleo y expulsó al menos 28 toneladas de restos muy radiactivos por los alrededores. También provocó un incendio radiactivo que ardió durante casi dos semanas y emitió una enorme columna de gases y aerosoles radiactivos a la atmósfera que se desplazó hacia el norte y el oeste con el viento. Decenas de sustancias radiactivas cayeron en la tierra, a menudo transportadas por la lluvia.

La lluvia radiactiva incluía yodo-131, cesio-137 y plutonio-239, ninguno de los cuales existe de forma natural y que son extremadamente peligrosos para los humanos y otros animales. Cada sustancia se desintegra en el denominado «período de semidesintegración» o «semivida física», que es la cantidad de tiempo que tarda en reducir su radiactividad a la mitad. Para el yodo-131, que se acumula rápidamente en la glándula tiroidea y causa cáncer de tiroides, la semivida física es ocho días. Para el cesio-137, que persiste en el suelo y produce rayos gamma que tienen cientos de miles de veces más energía que los rayos de la luz solar, la semivida física es de unos 30 años. 

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El desastre nuclear ocurrido en Chernóbil es uno de los accidentes más peligrosos a los que se ha tenido que enfrentar la humanidad. La contaminación radiactiva es tal que pese a que han pasado ya más de tres décadas, la Zona de Exclusión sigue representando un peligro para todo humano que se acerque a ella. No obstante, la vida en Chernóbil no desapareció del todo y en una extraña contradicción, dio pie al surgimiento de una de las reservas naturales más aisladas y grandes del mundo que despierta una gran incógnita, ¿por qué las plantas no mueren ante la radiación?

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La contaminación radiactiva que emanó de la explosión del reactor 4 en la Central Nuclear de Chernóbil, fue tal que se esparció como ondas en el agua. Aunado a que se trata de una de las energías más peligrosas de la naturaleza, se sabe que no desaparecerá en siglos. En consecuencia se tuvo que estipular una Zona de Exclusión de 2,600 kilómetros cuadrados donde está prohibido ingresar.

El nacimiento de una gran reserva natural

Pero lo único que escasea en aquella región son humanos pues al abandonar la región, la naturaleza mostró su fuerza y se apoderó de nuevo de lo que le pertenece. Hoy en día la vida enriquecida con creces habita en Chernóbil. Lobos, jabalíes y hasta águilas que se encontraban en peligro de extinción han recuperado sus poblaciones, pero no han sido los únicos seres.

Las plantas cubren por completo lo que alguna vez fuera una civilización humana. Un hecho que ha ocasionado grandes incógnitas entre los investigadores, ya que la vegetación oriunda se ha expuesto más que cualquier otra especie a los altos niveles de radiación, pues son completamente incapaces de desplazarse hacia regiones más alejadas. Sorprendentemente se han fortalecido y continúan infiltrándose incluso muy cerca del reactor 4.

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¿Por qué las plantas resisten a Chernóbil?

Los animales, incluyendo a los humanos, han desarrollado formas complejas de adaptación. Su estructura funciona como una máquina con miles de engranes interdependientes y muy bien sincronizados que les permiten sobrevivir en el entorno. Aunque tal interdependencia los vuelve más complejos, a su vez tiene sus propias desventajas. Es decir, es poco probable que una persona sobreviva sin un corazón o sin un cerebro.

En cambio las plantas han encontrado maneras de contrarrestar sus desventajas desarrollando otros superpoderes, lo que las vuelve más flexibles y orgánicas ante el entorno. A simple vista pareciera que la incapacidad de las plantas de trasladarse como los animales, es una desventaja. Pero de hecho es todo lo contrario, esta aparente desventaja las ha vuelto enormemente resistentes desarrollando así, un nivel de adaptación que no se compara con el de los animales.

A diferencia de las células animales, las vegetales son capaces de generar nuevas células acorde con la necesidad de la planta. El mayor ejemplo de esto es la plantación por esquejes, donde una rama u hoja es capaz de generar raíces. Algo así como si un humano hiciera crecer un cerebro luego de sufrir un corte por la mitad.

Pese a que la radiación como la que permea en Chernóbil, provoca daños severos en el ADN y en los casos menos graves, mutaciones que modifican el comportamiento de las células como una reproducción inusual, en las plantas es completamente distinto. Sí que puede generar daños y tumoraciones, no obstante, estos no se propagan hacia otras regiones de la planta. Además, no se trata de tumoraciones especialmente mortales para ellas. Ya que con su superpoder de producción de células acorde a sus necesidades, encuentran las formas de trabajar alrededor del tejido dañado y simplemente ignorarlo.

Gracias a su gran sabiduría y millones de años de evolución, las plantas han resistido a la radiación de Chernóbil. Hoy en día nos muestran el poderío de la naturaleza que sólo requiere que se le deje hacer lo que sabe hacer, para surgir de entre las cenizas como un ave fénix.

Vía: https://ecoosfera.com/

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