La lucha contra el agujero de la capa de ozono

La lucha contra el agujero de la capa de ozono

En los años 80 la NASA detectaba un enorme agujero en la capa de ozono a la altura de la Antártida. El mundo se puso las pilas, y en el Protocolo de Montreal se acordó reducir progresivamente el uso de CFC. ¿Qué ha pasado desde entonces?

¿Qué es el ozono?

Hablamos de un gas que se encuentra en la estratosfera a  entre 20 y 40 kilómetros de altura, y forma una capa que nos protege frente a la radiación solar ultravioleta, que afecta gravemente a la salud de los seres vivos.

El adelgazamiento de la capa de ozono

En los años 80 se empezó a detectar una reducción en el grosor de la capa de ozono. Además, en 1987 la NASA confirmaba la existencia de un enorme agujero situado sobre la Antártida, que ocupaba una superficie similar a la de los Estados Unidos de América y una profundidad equiparable a la altura del Everest. Más tarde, en 1991 se confirmaba la existencia de otro agujero en el hemisferio norte.

Causas del agujero de la capa de ozono

Los principales agentes destructores de la capa de ozono son los famosos  CFC o clorofluorocarbonados, unos compuestos presentes en materiales de limpieza, aislantes y embalajes de espuma, aires acondicionados, aerosoles y aparatos de refrigeración. En las capas altas de la atmósfera se vuelven activos y destruyen el ozono: se calcula que cada molécula de cloro que liberan puede destruir cien mil moléculas de ozono.

Otros compuestos químicos que destruyen la capa de ozono con los hidroclorofluorocarbonos, los halones, el bromuro de metilo y el tetracloruro de carbono.

Efectos del debilitamiento de la capa de ozono

El aumento de la radiación ultravioleta tiene muchos efectos sobre los organismos que habitan el planeta, por ejemplo, disminuye la  fotosíntesis que realizan plantas y fitoplancton marino, lo que provoca desequilibrios en las redes tróficas.

Entre los efectos sobre la salud humana destaca el aumento de cánceres de piel y de enfermedades oculares como las cataratas.

El Protocolo de Montreal

La confirmación científica del debilitamiento de la capa de ozono impulsó a la comunidad internacional a tomar medidas para protegerla. El Protocolo de Montreal se firmaba el 16 de septiembre de 1987, y debido a ello se celebra cada año el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono.  

Los países firmantes se comprometieron a tomar medidas para controlar la producción total y el consumo de las sustancias que atacan a la capa de ozono, con especial atención en los CFC y los halones.

Según explica Naciones Unidas en su página web, “la aplicación del Protocolo de Montreal ha progresado bien en los países desarrollados y países en desarrollo. Todos los calendarios de eliminación se han respetado en la mayoría de los casos, algunos incluso antes de lo previsto”. En vista del progreso constante realizado en el marco del Protocolo, ya en 2003, ex Secretario General Kofi Annan declaró: “Tal vez el acuerdo internacional más exitoso hasta la fecha ha sido el Protocolo de Montreal”.

El agujero de la capa de ozono hoy

Aunque la lucha contra el agujero de la capa de ozono es uno de los ejemplos más claros de cómo las medidas que se toman para paliar problemas ambientales son efectivas, hoy en día tampoco se pueden echar las campanas al vuelo.

Aunque varios estudios han estimado que en 2060 el ozono habrá vuelto a los niveles de 1980,  un trabajo publicado a principios del año 2018 en la revista Atmospheric Chemistry and Physics revelaba que, aunque al agujero de la capa de ozono sobre la Antártida se está cerrando y el ozono estratosférico de las capas superiores se va recuperando, la tendencia a disminuir prevalece en las capas inferiores.

¿Cuáles son las causas, si la concentración de CFC es cada vez menor? Los expertos apuntan, por un lado, a la irrupción de nuevos compuestos en la atmósfera como los VSLS (“sustancias de vida muy corta”) que, según un estudio publicado en la revista Nature Geoscience, tendrían un efecto muy similar a los CFC, y por otro, a efectos aún no bien conocidos del cambio climático sobre la circulación Brewer-Dobson, un modelo de circulación atmosférica que explica cómo llegan a parar los CFC a las latitudes polares.

En todo caso, y a pesar de las amenazas actuales, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que, de no haberse firmado el Protocolo de Montreal, en el año 2050 el agujero de la capa de ozono llegaría a multiplicarse por diez con respecto a la década de los 80.

Vía: muyinteresante

1 Comment

  1. Todo el artículos es un disparate de una punta a la otra. Primero, el famoso «no-agujero» del ozono, o la disminucón parcial, momentánea y periódica, fue descubierta por dos equipos científicos en la Antártida, en 1957/1958, durante el llamado Año Geofísico Internacional: los franceses Rigaud y Leroux, en la base Dumont D’Urville, y el famoso cientifico George B. Dobson, de Inglaterra, en la base Halley que registraron el 25% de dismiución del ozono durante el invierno antártico. Ya entonces se registraban valores de 15 al 25% de disminución del ozono, pero el gran mito es que recién descubrieron esa disminución en 1985! Y desde entonces, 1957, los niveles de ozono fueron variando de manera constante y cíclica, y la causa de su disminución es la agitación turbulenta que los vientos huracanados dentro del Vórtice Polar (vientos que giran como un tornado desde principios de julio hasta mediados de septiembre). Lo mismo que las bolillas dentro del bolillero de la lotería nacional, las moléculas de ozono que, durante el resto del año están muy quietas, se entrechocan en la reacción O3 + O3 = 3 O2, es decir, desaparecen las moléculas de ozono y se van creando moléculas de oxígeno.

    Dado que esto ocurre en la oscuridad más absoluta del invierno polar, los niveles de ozono caen, y caen, y caen hasta que en los primeros días de septimebre los rayos Ultravioleta-C (longitud de onda infernor a 290 nanómentros) comienzan a llegar a la estratosfera del polo y así comienza la regeneración del ozono. La radiación UV-C divide a las moléculas de Oxígeno (O2) en dos átomos de Oxígeno (O*) que, cuando chocan con una molécula de O2 se pegan a ella y dan lugar al nacimiento de una molécula de ozono, O2 + O* = O3. Y ese es todo el misterio de la disminución y recuperación del ozono en los polos. En el resto de la atmósfera de la Tierra el ozono varía naturalmente, varias veces al día, y lo hace de manera natural. Los CFC no tienen nada que ver con la disminución. del ozono.

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