Las graves consecuencias del acoso de las gaviotas a las ballenas en la Península Valdés

Las graves consecuencias del acoso de las gaviotas a las ballenas en la Península Valdés

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Se llama microdepredación y científicos investigaron cómo impacta en los cetáceos. La evidencia científica refuerza la hipótesis de que los ataques de gaviotas conduce a una mayor tasa de mortalidad de las ballenas francas.

Un equipo con investigadores internacionales estudia la posibilidad de que el acoso de las gaviotas en las ballenas, para picotearles el lomo y así alimentarse con grasa y piel, pueda provocar estrés en los cetáceos. El dato surge de un estudio divulgado por el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB).

Este hábito de las aves fue definido como «micropredación» y refuerza la hipótesis de que los ataques pueden haber contribuido al crecimiento de la tasa de mortalidad de las ballenas, registrado entre 2003 y el 2013. 

Se realizó un trabajo comparativo con colonias en otros lugares del mundo donde no existen ataques de gaviotas. «El estudio realizado en forma colaborativa con investigadores internacionales revela que las ballenas francas australes de Península Valdés (Argentina), a diferencia de las de Head of Bight (Australia), muestran un cambio de comportamiento y un mayor gasto energético debido a los ataques de gaviotas cocineras», remarcan en la nota.

Mariano Sironi, director Científico del Instituto de Conservación de Ballenas y coautor del trabajo describe: “Si bien hemos estudiado los ataques de gaviotas a las ballenas francas de Península Valdés desde la década del noventa, es la primera vez que estimamos la magnitud de los cambios de comportamiento causados por los ataques en base a videos, y comparándolos con una población no perturbada como la de Australia».

Comportamiento inédito en ballenas de Península Valdés

El acoso continuo desencadena una fuerte respuesta fisiológica al estrés. Se observó que, al ser atacadas por las gaviotas, las ballenas de Argentina reaccionan con movimientos inmediatos rápidos y energéticamente costosos, como arquear el lomo, sumergirse, acelerar la natación, o golpear el agua con la cola o las aletas.

Se registró también una estrategia que desarrollaron las ballenas de Valdés para reducir el ataque de las gaviotas, se trata de un modo de respiración conocido como «respiración oblicua». Las ballenas emergen del agua en posición inclinada sacando solo la cabeza y los espiráculos para respirar, pero manteniendo el lomo sumergido.

La posición antinatural hace que luchen contra su flotabilidad natural, lo que puede tener un costo energético mayor a la respiración habitual. La respiración oblicua sólo se registra en Península Valdés y no ha sido documentada en ninguna otra población de ballenas del mundo, aún habiendo registros ocasionales de ataques de gaviotas en otros sitios.

El gasto de energía cobra importancia en tanto las ballenas ayunan mientras amamantan a sus crías. Lo hacen con leche producida a partir de las reservas acumuladas en las áreas de alimentación, adonde migran en primavera y verano. Por utilizar más «combustible» en las acciones evasivas puede conducir a la muerte por debilitamiento.

«Entre 2003 y 2013 se registraron eventos de alta mortalidad de crías de ballena franca en Península Valdés, y aunque no se han identificado las causas exactas, una hipótesis sugiere que los ataques de gaviotas podrían haber contribuido a esa mortalidad», se indica en las conclusiones.

Rifle sanitario contra las gaviotas

En 2012, Chubut implementó un sistema de «rifle sanitario» contra las gaviotas, que consistía en disparar a las aves cuando éstas se posaban sobre las ballenas. Si bien se promocionó como «un exitoso método de eutanasia selectiva», fue en términos prácticos muy poco efectivo y por eso se abandonó.

«Es imposible disparar desde una embarcación que se mueve por las olas a una gaviota que está sobre el lomo de una ballena, con la intención de matar al pájaro sin herir a la especie que se quiere proteger», explicaron los tiradores que en su momento realizaron el intento.

Los especialistas coinciden en que la población de gaviota cocinera creció de la mano de los basurales a cielo abierto, donde se le ofrece a esa especie la «comida servida» en los alrededores de los golfos que forman la península.

La decisión de matar a las gaviotas también provocó en su momento reacciones de entidades proteccionistas, que procuraba actuar en los basurales utilizando redes para atrapar a gaviotas que se identifiquen como atacantes y la destrucción de los huevos para evitar una mayor cantidad de nacimientos.

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