Los incendios aceleran la degradación del permafrost en la Alaska ártica

Los incendios aceleran la degradación del permafrost en la Alaska ártica

Los incendios más serios de los últimos tiempos fueron registrados en Alaska y Siberia. Algunos de ellos ya se han propagado por un territorio enorme, con una extensión que alcanza casi 1.000 kilómetros cuadrados.

Los incendios en regiones del Ártico tienen consecuencias devastadoras en todo el planeta. Y el llamativo acelerado rompimiento del suelo de permafrost abarca hasta 650.000 años —el más antiguo de Eurasia, según los estudios—, es un indicador de lo que sucede en todo el mundo. Y representa la especial vulnerabilidad del Ártico, un territorio donde las temperaturas se han disparado hasta dos y tres veces más rápido que el promedio mundial durante los últimos 30 años, todo de la mano del calentamiento.

La diferencia importante de los fuegos en esa zona es que aparecen no en las áreas forestales, sino directamente en la capa de tierra. El permafrost, que solemos asociar con el frío y temperaturas cercas a 0 grados, se ha resecado y ahora está expuesto al fuego. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ese tipo de incendios es muy peligroso para los residentes de esas regiones, puesto que el permafrost emite sustancias contaminantes dañinas y gases tóxicos que pueden viajar largas distancias. 

Deterioro del suelo del permafrost

El permafrost está hecho de hielo con partículas minerales y también contiene restos congelados de materia vegetal y animal. El permafrost conforma una capa bajo la superficie, quedando lo bastante resguardado de los rayos del Sol como para que buena parte de su material permanezca congelado de manera ininterrumpida durante miles de años. En condiciones normales, los terrenos que tienen permafrost en su subsuelo solo experimentan el deshielo veraniego de su superficie.

En el Ártico, el permafrost es un depósito de carbono que, si se descongela por completo liberará tanto carbono como para duplicar la cantidad de este presente en la atmósfera, algo que conllevaría a su vez una aceleración muy dañina del calentamiento global.

Aunque el calentamiento global es el principal impulsor de la degradación del permafrost en la Alaska ártica, un nuevo análisis de 70 años de datos revela que los incendios de la tundra están acelerando ese declive, contribuyendo de forma desproporcionada al colapso abrupto del permafrost como resultado del deshielo y dejando en el lugar afectado un tipo de terreno característico, que se conoce como termokarst.

El estudio, realizado por el equipo de Mark Lara, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos, es el primero que calcula la influencia de los incendios en la integridad del permafrost durante tantas décadas.

El equipo analizó siete décadas de imágenes aéreas y de satélite para calcular el ritmo de formación de termokarst en diferentes regiones del Ártico de Alaska. Los investigadores también utilizaron modelos digitales elaborados mediante aprendizaje automático (una técnica de inteligencia artificial) para determinar las contribuciones al declive del permafrost observado hechas por el cambio climático global, los incendios y ciertos rasgos del paisaje.

Lara y sus colegas han descubierto que la formación de termokarst se ha acelerado un 60% desde la década de 1950. Aunque el cambio climático global es el principal impulsor de la aceleración en la formación de termokarst, el fuego desempeñó un papel desproporcionadamente grande en ese proceso. El fuego solo quemó el 3 por ciento del paisaje ártico en ese periodo de tiempo, pero fue responsable de más del 10% de la formación de termokarst.

FUENTE: One Earth / NCYT Amazings

Vía: https://www.tiempo.com/

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