Nuevo récords en concentraciones de gases de efecto invernadero

Nuevo récords en concentraciones de gases de efecto invernadero

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El incremento en los niveles de CO2 pone en peligro la consecución de los objetivos del Acuerdo de París para limitar la subida global de las temperaturas, con el fin de frenar la crisis climática.

La temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado más de 0,6ºC desde los últimos años del siglo XIX debido al proceso de industrialización y, en particular, a la combustión de cantidades cada vez mayores de petróleo y carbón, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola.

Estas actividades han aumentado el volumen de gases de efecto invernadero (principalmente metano, dióxido de carbono, oxido nitroso, clorofluorocarbonos, hidrofluorocarbonos y hexafloruro de azufre), incrementando la temperatura del planeta y modificando el clima. En tal sentido, se espera que se produzcan modificaciones en el clima futuro como sequías severas y prolongadas, aumento de precipitaciones en ciertas regiones y disminución en otras, incremento de las temperaturas, aumentos en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, entre otros eventos.

La Organización Meteorológica Mundial, a través de su último boletín, manda un mensaje científico contundente a los negociadores en la materia que participarán en la COP26.

La abundancia de gases de efecto invernadero que retienen el calor en la atmósfera volvió a alcanzar un nuevo récord el año pasado, y la tasa de aumento anual registrada fue superior a la media del período entre 2011 y 2020. Esa tendencia se ha mantenido en 2021, según se apunta en el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre los gases de efecto invernadero.

La concentración de dióxido de carbono (CO2), el más abundante de los gases de efecto invernadero, alcanzó en 2020 las 413,2 partes por millón (ppm) y se sitúa en el 149 % de los niveles preindustriales. En cuanto al metano (CH4) y al óxido nitroso (N2O), sus concentraciones equivalieron, respectivamente, al 262 % y al 123 % de los niveles de 1750, el año elegido para representar el momento en que la actividad humana empezó a alterar el equilibrio natural de la Tierra.

Si no se detienen las emisiones, la temperatura mundial seguirá subiendo

El CO2 es un gas caracterizado por su larga vida y, por tanto, el nivel de temperatura observado actualmente persistirá durante varias décadas aunque las emisiones se reduzcan rápidamente hasta alcanzar el nivel de cero neto. Si ello se suma al calentamiento del planeta, el resultado será la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos, que entrañarán repercusiones socioeconómicas de gran alcance.

Aproximadamente la mitad del CO2 emitido en la actualidad a raíz de las actividades humanas permanece en la atmósfera, mientras que océanos y ecosistemas terrestres absorben la otra mitad. En el boletín de la OMM se alerta sobre la posibilidad de que, en el futuro, océanos y ecosistemas terrestres pierdan eficacia como sumideros, y que ello merme su capacidad para absorber CO2 y ejercer en calidad de reguladores que eviten aumentos de la temperatura aún mayores.

En trabajo pone de manifiesto que, entre 1990 y 2020, el forzamiento radiativo ejercido por los gases de efecto invernadero de larga vida –un efecto que calienta nuestro clima– aumentó en un 47 %, y cerca del 80 % de ese incremento se debió al CO2. Esos porcentajes se han podido calcular gracias al monitoreo realizado por la red del Programa de Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) de la OMM.

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos y aún más tiempo en los océanos. La última vez que se registró en la Tierra una concentración de CO2 comparable fue hace entre tres y cinco millones de años. “En esa época la temperatura era de 2 a 3 °C más cálida, y el nivel del mar, entre 10 y 20 metros superior al actual, pero entonces no había 7 800 millones de personas en el planeta”, explica Taalas.

Muchos países están fijando objetivos para alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono y se espera que en la COP26 se produzca un aumento espectacular de los compromisos asumidos en ese sentido. Pero debemos cristalizar esas ambiciones en acciones. No hay tiempo que perder“, concluye.

Vía: https://www.ecoportal.net/

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