Un proyecto entre Argentina y Chile para proteger la Antártida

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Argentina y Chile han reclamado la creación de un área de protección en la Antártica. La designación de áreas marinas protegidas que limitan la actividad humana en el mar y aumentan la resiliencia de nuestros océanos ha sido una de las medidas más exitosa.

Según estudios, la Antártida concentra no solo cerca del 35% de la absorción global del exceso de carbono de la atmósfera, sino también cerca del 75% de la absorción oceánica del exceso de calor. Además, las corrientes frías antárticas están conectadas con las principales aguas cálidas del resto de los océanos, lo que impulsa la circulación oceánica y regula las temperaturas. 

A mediados del siglo XX, un grupo de científicos y líderes políticos acordasen designar el continente como una reserva natural con fines pacíficos. Ese consenso, fue bautizado –y firmado– como Tratado Antártico en 1959 por los doce países que habían estado realizando actividades científicas en la Antártida. Éste prohíbe la actividad militar en el territorio y sitúa la protección del medio ambiente en el centro de todas las actividades humanas permitidas en la zona, que actualmente son, principalmente, la investigación científica, el turismo –limitado– y la pesca controlada. 

El reclamo se ha presentado a la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) que se celebra en Australia, un encuentro que se inició el 24 de octubre en la ciudad de Horbart y que se extenderá hasta el 4 de noviembre.

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La idea impulsada por Chile y Argentina surgió en 2018 y busca proteger un área de 650.000 kilómetros cuadrados alrededor de la península antártica, todo esto para aliviar las presiones que se ejercen sobre la vida marina de la zona. Se busca prohibir la pesca de kril en zonas de alimentación de pingüinos y de otras especies del área antártica.

Sobre la mesa también hay dos propuestas europeas que buscan declarar como zona protegida una enorme área que supera los tres millones de kilómetros cuadrados ubicada en la Antártida Oriental y el Mar de Weddell.

La creación de las áreas protegidas marítimas al interior de la CCRVMA es un tema complejo, y lo es mucho más cuando las decisiones se toman en consenso. El organismo goza de varios fracasos a su haber como el ocurrido en la cumbre de 2019 cuando no prosperó por octavo año consecutivo la idea de crear santuarios marinos. El debate contó con la oposición de Rusia y China.

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“En estos tiempos de pérdida creciente de biodiversidad y de amenazas de cambio climático, es desesperante que la CCRVMA haya fracasado en proteger las aguas de la Antártida por octavo año consecutivo”, dijo en esa ocasión Andrea Kavanagh, de la ONG The Pew Charitable Trusts.

La CCRVMA se fundó en 1982 , busca conservar la vida marina antártica y está integrada por 25 países como la Unión Europea, Australia, Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Chile, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, entre otros. Tierra de Marie Byrd, al sur de Nueva Zelanda.

La CCRVMA se fundó en 1982 y busca conservar la vida marina antártica y está integrada por 25 países o bloques de naciones como la Unión Europea, Australia, Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Chile, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, entre otros.

Rusia “duda” del proyecto

Las propuestas europea, junto con el reclamo chileno-argentino, están bajo la lupa de Rusia, que dudaría de esta iniciativa. El director de Antártica de Chile, Francisco Berguño, informó que incluso se presentó un informe con los reparos.

“Persisten ciertas dudas. Hay, de hecho, un documento presentado por la Federación de Rusia con respecto a la propuesta chileno-argentina en el cual se detallan algunas de las observaciones que hace”.

Las dudas de Rusia están siendo seguidas por las autoridades de Estados Unidos. La asistente de la secretaría de Estado estadounidense, Monica Medina, apuntó a Rusia y dijo al periódico The Guardian Australia que “es hora que rebajen sus objeciones y se pongan de lado de la conservación”. En tanto, Berguño apostó por “seguir conversando” para solucionar estos reparos.

Con información de: https://noticiasambientales.com/

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