Sorbetes comestibles que son fabricados por bacterias

Sorbetes comestibles que son fabricados por bacterias

Los sorbetes de plástico son perjudiciales para la salud y el medio ambiente, pero esta alternativa. fabricada por bacterias, podría ser la solución.

Los sorbetes de plástico han sido un elemento de conveniencia por miles de años, ocasionando un gran problema para el medio ambiente por su poca vida útil. Un sorbete tarda 1 minuto en ser fabricado, 20 minutos de uso para que luego tarde 200 años en descomponerse y que eso provoque la muerte de 1000 especies marinas.

Las pajitas o sorbetes de plástico desechables están prohibidas en toda la UE desde julio de 2021, y con razón, porque no solo los plastificantes que contienen son tóxicos, sino que al descomponerse emiten microplásticos que contaminan los océanos. Los microplásticos se han encontrado incluso en las fosas nasales de las tortugas y en el tracto intestinal de multitud de organismos marinos.

Sin embargo los seres humanos siguen empeñados en absorber agua azucarada a través de tubos, así que hay que buscar alternativas. Una de ella podría ser que todos lleváramos en el bolsillo una pajita de metal reutilizable, pero solo los más concienzudos harán algo así, y pueden dañar los dientes.

En algunos sitios se han empezado a ofrecer pajitas hechas con pasta: macarrones largos y estrechos para baber por ellos. Sin embargo, la pasta termina ablandándose y es poco apetecible. Lo mismo ocurre con las pajitas de papel.

El alginato extraído de las algas cierra los poros de la celulosa y sirve de adhesivo

La solución viene de la mano de un equipo de investigadores e la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, ha fabricado pajitas con celulosa bacteriana. Es similar a la celulosa vegetal, pero tiene una estructura molecular más densa y ya se utiliza en las industrias cosmética, alimentaria y textil. Lo sintetizan algunas especies de bacterias (como Acetobacter) cuando se alimentan de azúcares.

Los investigadores chinos cultivaron la celulosa bacteriana y la secaron al aire. A continuación, trataron las fibras con alginato de sodio, un carbohidrato que se encuentra en las algas. Esto sirvió para cerrar los poros de la celulosa y evitar que absorba agua. El alginato también tiene la ventaja de que se pega a sí mismo, lo que permitió enrollar las láminas de celulosa en forma de pajita sin necesidad de usar pegamento.

Los científicos descubrieron que las pajitas bacterianas eran más fuertes que las de papel en todos los sentidos debido a la red de nanofibras tridimensional y a la fuerte conexión entre las capas individuales, y casi tres veces más resistentes a la flexión que las pajitas de papel o de plástico. También se biodegradan mucho más rápido.

Como tanto la celulosa bacteriana como el alginato de sodio se utilizan en los alimentos, las pajitas son incluso comestibles. Sin embargo, los autores aconsejan no hacerlo, ya que ni el sabor ni la textura son apetecibles.

Como la celulosa la producen cultivos de baterias no es necesario consumir recursos naturales, como madera, ni demasiada mano de obra. Esto hace que estas pajitas sean muy económicas.

Vía: https://quo.eldiario.es/

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