Antiguos manuscritos confirman el cambio climáticO

Una serie de manuscritos, elaborados por los religiosos entre 1671 y 1704, revelan detalles que ponen de manifiesto la magnitud del cambio climático global.

En un monasterio del siglo X en Einsiedeln, Suiza, existen documentos que despejan cualquier duda y demuestran que la Tierra se está calentando más dramáticamente que nunca. 

Por ejemplo en 1684, el monje Josef Dietrich, «meteorólogo» del monasterio, escribió: «El 11 de enero fue tan terriblemente frí­o, que el vino de la comunión se congeló. Desde que fui ordenado sacerdote, jamás el vino se habí­a congelado en el cáliz. Pero el 13 de enero fue mucho peor aún, y nadie recuerda que hubiese hecho tanto frí­o anteriormente».

Los registros diarios del tiempo anteriores al siglo XIX -época en que comenzaron a utilizarse termómetros estandarizados- están resultando de gran valor para los cientí­ficos que estudian el clima en nuestros dí­as. Los registros históricos fueron ignorados hasta ahora, ya que se pensaba que eran muy imprecisos o simplemente inaccesibles. Pero el cambio climático ha despertado el interés en el estudio de los antiguos registros meteorológicos.

Manuscrito del monasterio de Einsiedeln consignando los datos del tiempo

Las meticulosas descripciones de los libros del monasterio proporcionan el contexto para analizar los cambios climáticos. Para el sacerdote Konrad Hinder, el actual meteorólogo de Einsiedeln y ávido lector de Dietrich, «sabemos por los manuscritos que los extremos climáticos eran muy grandes en esa época. Los inviernos eran muy frí­os y húmedos, los veranos muy secos y calurosos», agregando además que esos extremos se han ido reduciendo progresivamente en los cuarenta años que lleva registrando datos para el Servicio Meteorológico suizo.

«Por eso, siempre soy cauteloso cuando la gente dice que las temperaturas extremas son ahora mayores que nunca. Sin el apropiado contexto histórico, se tiende a pensar en cualquier evento meteorológico extremo como una situación sin precedentes, y esto no siempre es así­».

Cada vez más cientí­ficos e historiadores revisan los archivos en busca de desastres o eventos climáticos extremos. Pero los registros también se están usando para obtener rangos de temperaturas más precisos en determinadas épocas. Por ejemplo, se han encontrado mediciones realizadas tres veces al dí­a por el fí­sico francés del siglo XVII Louis Morin, una «red meteorológica» creada por el duque de Toscana en 1653, y otros treinta tres «diarios del tiempo» escritos en el siglo XVI.

La comparación de diferentes documentos de una misma época permite confirmar los rangos de temperaturas del perí­odo estudiado. A lo largo de la Historia, el estado del tiempo fue un factor esencial para los observadores y cronistas de la época, debido a su influencia en las cosechas: una racha de mal tiempo podí­a significar un prolongado perí­odo de hambrunas en la población. Es por ello que existen innumerables constancias escritas consignando el estado del tiempo prácticamente desde que se poseen registros históricos.

Según Hinder, «Dios aún controla el clima, pero la gente debe realizar su parte cuidando mejor a nuestro planeta».