En cada minuto del día hay más de mil tormentas en el planeta Tierra, que producen en total hasta seis mil relámpagos. Leyeron bien: ¡seis mil relámpagos por minuto!
Las tormentas se generan por el ascenso y descenso acelerado de grandes masas de aire. La fricción que provoca este aire produce cargas eléctricas dentro de las nubes. Al precipitarse las gotas de agua o hielo, arrastran electrones cargados a la porción inferior de la nube, generando una poderosa carga negativa. Mientras tanto, en la parte superior de la nube se acumula una carga positiva.
La mayor parte de la energía eléctrica durante las tormentas se disipa dentro de la nube, cuando los relámpagos saltan entre las áreas con carga positiva y negativa. La situación se vuelve peligrosa cuando esta energía puede alcanzar la tierra.

Cómo se forman los rayos
Cuando la carga negativa de la nube es lo bastante grande, tiende a localizar una ruta directa hacia el suelo. La energía busca algún buen conductor de electricidad, o una estructura elevada que esté fijada a la tierra (tales como un árbol, una antena o un edificio). Esta carga negativa desciende primero en forma de impulsos invisibles hasta llegar al suelo, en donde se produce un rebote de cargas positivas. En ese momento se produce el rayo, que asciende hasta la nube a la velocidad de la luz.
Aunque el efecto parezca continuo, en realidad se compone de una serie de brevísimas descargas. El efecto de la mayoría de los rayos no dura más de medio segundo.
El trueno
El aire que rodea al relámpago se sobrecalienta hasta alcanzar una temperatura de casi 28 mil grados centígrados (¡cinco veces la temperatura del Sol!). La elevadísima temperatura hace que el aire se expanda a una velocidad superior a la del sonido, para luego comprimirse y generar una onda de choque: lo que conocemos como trueno. Como ya mencionamos, los rayos están formados por breves impulsos, por lo que se producen a diferentes alturas; y es por eso que el sonido del trueno parece retumbar, porque cada onda de choque tarda un tiempo diferente para llegar hasta nuestros oídos.

Cabe destacar que un relámpago genera una descarga de unos 30 millones de voltios a 100 mil amperes. Una gran tormenta eléctrica puede producir una cantidad de energía superior a la que libera una bomba atómica.

