La frecuencia y gravedad de las sequías se potencia con el cambio climático

El cambio climático aumenta las probabilidades de que la sequía empeore en muchas partes del mundo en las próximas décadas. Hay varias formas en que el cambio climático puede contribuir a la sequía:

La ciencia más reciente dice que a medida que aumenta la temperatura del planeta cae más precipitación en forma de lluvia en lugar de nieve, la nieve se derrite antes y la evaporación y la transpiración aumentan. Todo esto reduce la disponibilidad de agua y aumenta su demanda, por ejemplo en la agricultura.

Los cambios en precipitación, el aumento de temperatura, el agotamiento del agua subterránea y las decisiones humanas están agravando las condiciones de sequía en muchas regiones de Estados Unidos. Gran parte del Oeste montañoso de Estados Unidos ha experimentado una disminución de la capa de nieve desde mediados del siglo XX (12). Estas disminuciones están relacionadas con el cambio climático porque el calentamiento de las temperaturas ha reducido la cantidad de precipitación que cae en forma de nieve (en lugar de lluvia) y ha cambiado el comienzo del derretimiento de la capa de nieve (deshielo).

La sequía es uno de los desastres naturales más dañinos del mundo. Y es que este fenómeno climático no solo provoca una escasez de agua que puede tener consecuencias terribles sobre las condiciones de vida de millones de personas, sino que a menudo causa grandes daños a los cultivos y ecosistemas naturales,  aumenta los riesgos de olas de calor e intensifica los incendios forestales. Por eso, y aunque siempre hayan formado parte de la experiencia humana, el hecho de que las proyecciones del cambio climático sugieran que las sequías se están haciendo cada vez más frecuentes y severas en casi todas las regiones del planeta supone una de las peores consecuencias de la continua emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Eso sí, la situación puede ir incluso a peor si la humanidad no frena dichas emisiones y apuesta decididamente por la neutralidad climática. Los registros históricos de índices de precipitación, caudal y sequía derivados de la observación ya muestran un aumento de la aridez desde la década de 1950 en varias regiones críticas, incluidas África, el sur de Europa, el este de Asia, el este de Australia, el noroeste de Canadá y el sur de Brasil, pero las proyecciones apuntan que esta falta de agua se podría exacerbar aun más.

Esa es la principal conclusión a la que ha llegado el profesor Zhao Tianbao del Instituto de Física Atmosférica (IAP) de la Academia de Ciencias de China, tras  investigar más a fondo los cambios hidroclimáticos y de sequía gracias a las proyecciones de 25 modelos informáticos del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados (CMIP6). Sus resultados, publicados en el Journal of Climate, reafirman la idea de que las sequías aumentarán y se generalizarán en todo el planeta, llegando a ser hasta un 200% más graves en la mayor parte de las Américas (incluida la Amazonía), Europa y la región del Mediterráneo, el sur de África, el sudeste de Asia y Australia.

«Las proyecciones del modelo climático que utilizamos sugieren que la sequía puede volverse más severa y generalizada a medida que el calentamiento global inducido por los gases de efecto invernadero continúa en el siglo XXI», ha asegurado Zhao Tianbao, que ha utilizado principalmente escenarios de emisiones bajas-moderadas, es decir, un futuro en el que la humanidad consigue no contaminar tanto como en las últimas décadas pero es incapaz de alcanzar la neutralidad climática. En cualquier caso, se espera que las sequías duren más y se extiendan más a nivel geográfico, especialmente a finales del siglo XXI.

sequías
Cambios en frecuencia de sequías entre finales del siglo XX Y XXI. | IAP

Los resultados del modelo sugieren una disminución en la media y un aplanamiento de las funciones de distribución de probabilidad de las métricas de sequía, a pesar de las grandes incertidumbres en las proyecciones individuales, en parte debido a la variabilidad interna. Es decir, que el hecho de que los extremos hídricos sean más probables, hará más díficil calcular mediante modelos el impacto exacto de las sequías. «Con el aumento de las temperaturas, en todas partes hay una demanda creciente de humedad de la atmósfera y la precipitación disminuye en muchas regiones subtropicales. Estos son los principales impulsores de la sequía extendida y creciente proyectada», ha asegurado Zhao.

Según un informe reciente de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), las pérdidas económicas derivadas de los impactos de la sequía entre 1998 y 2017 de al menos 124.000 millones de dólares en todo el mundo. Algunos de los costes directos incluyen pérdidas anuales en Estados Unidos de aproximadamente 6,4 mil millones de dólares, y de más de 9 mil millones en la Unión Europea al año.

Vía: https://www.elagoradiario.com/

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