La vicuña : su conservación y uso sustentable

La vicuña : su conservación y uso sustentable

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Las vicuñas son más pequeñas que sus parientes las llamas, las alpacas y los guanacos. En esta nota, conoce más de esta especie autóctona.

Cuando de superficie de países se trata, Argentina es el octavo país más grande. Gracias a su ubicación geográfica y a su enorme extensión, presenta una diversidad de relieves y climas que dan origen a 18 ecorregiones, cada una de ellas con biodiversidad única. ¿Puedes imaginar cuántas especies de animales hay en Argentina? Lo cierto es que son muchas, sin embargo la mayoría de los animales de Argentina se encuentran amenazados ya sea por caza furtiva, pérdida de hábitat, cambio climático u otro factor.

Por ello, en enseñaremos a uno de los tantos animales autóctonos de Argentina, la Vicuña, sino también sus particularidades, las amenazas que enfrentan a diario y su estado de conservación.

La vicuña es uno de los animales del norte argentino más representativo. Se caracteriza por ser herbívoro y habitar estepas de altura con climas fríos, extremadamente áridos y con gran amplitud térmica. En un pasado fue sumamente explotado por su carne pero, tras la prohibición de su caza y un minucioso programa de conservación, la vicuña (Vicugna vicugna) ha logrado recuperar sus poblaciones.

La vicuña es un símbolo de la puna andina en países como Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina. Y en torno a este camélido silvestre, de simpático aspecto, se conserva, adaptada a los tiempos, una ancestral tradición que los pueblos indígenas iniciaron como método de subsistencia: es el chaku, la práctica de esquila con la que se obtiene, preservando al animal, la lana más fina del mundo.

También conocida como chaccu, vocablo quechua que significa “captura de vicuñas”, esta técnica, originaria de los incas, consistía en rodear, entre varias personas a modo de cordón humano, amplias zonas para arrear a los animales hacia corrales y elegir allí a los aptos para obtener carne o fibra. Después algunos se liberaban.

“Originalmente consistía en el encierro y darle muerte al animal, no todos eran liberados, solo los más chicos o las hembras preñadas. Sin embargo, nosotros hemos reconstruido esa práctica, donde le damos otro valor y significancia, y vamos hacia el aprovechamiento sustentable”, cuenta Carlos Barrionuevo, director provincial de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas de Catamarca, mayor productora de fibra (lana) de vicuña de Argentina.

De octubre a diciembre, en varias zonas del noroeste argentino, miembros de cooperativas andinas, comunidades de pueblos originarios o empresas, todos debidamente registrados, realizan un proceso con enorme atractivo turístico que, siglos después, mantiene su esencia, pero mejorando en técnica y cuidado del animal.

Trabajo en equipo

Para preparar las esquilas se usan los “módulos de captura”, corrales con portones abiertos que se construyen en torno a las vegas, lagunas o humedales por donde suelen circular las vicuñas.

Para lograr dirigirlas y encerrarlas, varias personas sujetan sogas con cintas de colores y se cierran las puertas. Al finalizar esas tareas, que pueden durar de uno a tres días, se selecciona a los animales aptos -se descartan hembras con preñez avanzada o crías pequeñas-, se les inmoviliza y pone una capucha para reducir su estrés y comienza la esquila.

“No se esquila totalmente, sino la porción que tiene fibra más larga, que es la que crece todos los años. Una vez que se termina, se desanudan, se les saca la caperuza y son liberados”, detalla Barrionuevo.

Unas jornadas en las que veterinarios velan por el bienestar del animal y que, como parte de la cultura local, en algunos lugares pueden ir acompañadas de ceremonias venerando a la Pachamama, símbolo de la madre tierra, o al Coquena, ser mitológico quechua.

“La gente local se ha ido dando cuenta de que este era una gran atracción para turistas nacionales e internacionales, sobre todo en Laguna Blanca”, afirma el funcionario catamarqueño en referencia a esa reserva de biosfera provincial, que tiene una de las mayores densidades de vicuña.

Lana preciada

En el 2019, Catamarca registró récord de fibra obtenida: 1,329 kilos de 3,740 animales esquilados.

En promedio, según Barrionuevo, de cada vicuña -que pesa entre 40 y 55 kilos y llega a medir hasta 1.5 metros- se obtienen unos 350 o 400 gramos, y, por ejemplo, para hacer un poncho -que puede tener un valor aproximado de 200,000 pesos (unos US$ 2,000)- se usan en torno a 600 gramos.

La de las vicuñas es considerada la fibra más fina del mundo y su valor ronda los 450-500 euros el kilo en el mercado internacional.

En Catamarca, el Estado provincial retiene un 20% del total de fibra obtenida y lo destina a un programa por el que los artesanos provinciales acceden a ella a precios subsidiados, más baratos, lo que permite además luchar contra la venta de cazadores furtivos.

Una vez que elaboran las prendas, acceden a una certificación con la etiqueta “Vicuña Catamarca”.

Este mamífero, que habita las alturas andinas de Argentina, Perú, Bolivia, Chile y Ecuador, a punto estuvo de extinguirse por la caza furtiva iniciada con la colonización española y alargada por siglos, pero en las últimas décadas las diversas legislaciones lograron su recuperación.

Las vicuñas catamarqueñas estuvieron consideradas amenazadas y su comercio prohibido hasta el 2002. Fue entonces, ya fuera de peligro, que se retomaron las esquilas legales, y hoy la venta de su fibra es posible, de forma sostenible y controlada.

Comportamiento: La vicuña es un animal diurno y social. Básicamente, se diferencian dos grupos:

  1. los grupos familiares compuestos de 1 macho adulto, 2 ó más hembras y sus crías; estos grupos defienden un territorio a lo largo del año y, por lo general, desarrollan allí todas sus actividades. El macho es el que defiende el territorio y controla la salida o ingreso de las hembras y crías,
  2. ??las tropillas de machos que están conformadas principalmente por machos jóvenes y adultos solteros; no defienden territorio y se dice que son grupos abiertos por que los individuos pueden entrar o salir libremente. También se pueden observar vicuñas solitarias que, por lo general, son vicuñas viejas o enfermas (Koford 1957, Wheeler 2006).

La vicuña es una especie pastoreadora, pues se alimenta principalmente de pastos y hierbas no leñosas. Las hembras son maduras al año de edad pero por lo general se aparean en el segundo año, en cambio los machos recién pueden reproducirse a los 3-4 años de edad; la gestación dura entre 330 y 350 días y nace sólo una cría, siendo la época de nacimientos los meses de febrero a abril y la época de apareamiento posterior a éstos (Wheeler 2006).

Distribución: La vicuña se encuentra en los Andes centrales de Argentina, Bolivia, Chile y Perú; en 1986 fue introducida en Ecuador. En Bolivia se encuentra ampliamente distribuida en el altiplano de los departamentos de La Paz, Oruro Potosí y en forma menos continua en la región altoandina de estos departamentos y de Cochabamba y Tarija. La vicuña norteña es la que se encuentra distribuida en gran parte del altiplano y regiones altoandinas del norte y centro, mientras que la distribución de la subespecie austral se restringe a la parte más al sur del Altiplano, desde el Salar de Uyuni y regiones altoandinas, al sur de Potosí y oeste de Tarija. Ambas subespecies se sobreponen en el sector este del Salar de Uyuni, aproximadamente en el límite departamental entre Oruro y Potosí (MMAyA 2010).

Hábitat: La vicuña está restringida a la puna y la región altoandina, ocupando ambientes abiertos por encima de los 3300 m (Wheeler 2006). Los hábitats de preferencia son planicies o laderas con pastizales y/o vegetación arbustiva baja, así como los bofedales o vegas. Aunque la vicuña puede encontrarse en ambientes muy secos, es muy importante la presencia de cuerpos de agua, pues esta especie requiere beber agua en forma diaria (Wheeler 2006).

Estado de conservación: Actualmente la vicuña no está categorizada como una especie amenazada, dado que sus poblaciones se han recuperado notablemente en todo el rango de su distribución; sin embargo, en la década de los 60 estuvo a punto de extinguirse. Para el 2008 la población de vicuñas en los cuatro países ha sido estimada en 400.953 animales y en Bolivia se contaron 112.249 vicuñas durante el censo del año 2009 (MMAyA 2010). No obstante, la caza continúa siendo la principal amenaza para la especie así como la tendencia a manejar la especie en cautiverio o a realizar cruzas con alpacas (Lichtenstein et al. 2008). En Bolivia, además de la cacería furtiva se considera que la competencia con el ganado y el deterioro de los pastizales son factores que pueden influir en un mediano plazo en la especie.

Medidas de conservación: La vicuña es una de las pocas especies que ha tenido atención tanto a nivel nacional, regional como mundial. En Bolivia, existen disposiciones legales para su protección desde 1900, pero es a partir de la firma del Convenio para la Conservación de la Vicuña firmado en 1969 entre Perú y Bolivia, y al que posteriormente se incorporaron Argentina, Chile y Ecuador, que las medidas de protección tuvieron un mayor efecto. De una etapa de protección estricta, en 1979 se pasó a una fase en la que se inicia el aprovechamiento de la especie a partir la esquila de animales vivos; en Bolivia esta etapa se emprende experimentalmente en 1998.

La vicuña en el país cuenta con una normativa específica y su conservación se realiza bajo el Programa Nacional para el Aprovechamiento Sustentable de la Vicuña. Al presente, sus poblaciones se encuentran en tres grandes tipos de áreas: protegidas, con aprovechamiento, y sin manejo alguno; aunque en la mayor parte de las áreas protegidas se realiza su aprovechamiento para la obtención de la fibra. Una característica importante en el manejo de la vicuña en Bolivia es que éste se realiza en silvestría y su aprovechamiento es exclusivo de las Comunidades Manejadoras de Vicuña (CMV). Sin embargo, el manejo en silvestría por sí solo no garantiza su sustentabilidad, éste se ha centrado esencialmente en la obtención de fibra de la especie y se han descuidado otros aspectos; en este sentido es necesario encarar la conservación a la vicuña bajo un enfoque integral, reconociendo el valor ecológico de la especie y no solamente su valor económico.

Con información de: https://www.conservation.org/ https://gestion.pe/

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