Huerta urbana: ¿Qué debemos tener en cuenta?

Huerta urbana: ¿Qué debemos tener en cuenta?

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El sol, el riego, las plagas, la planificación y el tipo de contenedores son protagonistas absolutos a la hora de pensar en una huerta urbana. Sin embargo, suele suceder que en medio del entusiasmo de tener nuestros propios cultivos olvidamos proyectar correctamente cómo, cuándo y dónde sembrar.

Para que una huerta urbana llegue a buen puerto es esencial programar y seguir el calendario de siembra. Cada temporada tiene sus oportunidades pero también sus requisitos. Clarín consultó a dos especialistas que mencionaron los errores más frecuentes, así como los secretos para recoger la mejor cosecha.

¿Cuáles son los errores más frecuentes?

Te vamos a mostrar una serie de errores y sus posibles soluciones para huerteros urbanos.

No tener en cuenta la cantidad de horas de sol

Hay que investigar, de acuerdo al tipo de cultivo, las temperaturas que requiere cada siembra. Hay cultivos que no les gusta el calor. Se recomienda seguir un calendario de siembra y tener en cuenta: qué cantidad de horas de sol requiere y qué temperatura es ideal para cada planta.

Sembrar todo junto

Siempre es bueno tener en cuenta que para lograr buenos resultados resulta imprescindible hacer siembras escalonadas y no sembrar todo junto. “Hay que sembrar una parte y en el nuevo ciclo de luna ir renovando plantines. Entonces uno va a tener siempre listos los cultivos para ir cosechándolos sin llegar al término de que se van en flor y nos quedamos sin productos para cosechar” afirma Carlos Delgado, especialista en huertas orgánicas.

Además, recomendó “hacer una asociación: no poner en un cajón todo lo que son hojas y en otro todo lo que es raíz. La asociación de cultivos es intercalar verduras de hojas con verduras de raíz para que entre ellas no compitan por los nutrientes”.

No respetar el calendario de siembra

Otro error frecuente es no respetar el marco de plantación de cada cultivo. Delgado ejemplificó: “No puedo sembrar una planta de tomate en pleno invierno. Hay que respetar el calendario de siembra: hay cultivos de todo el año, de invierno y de primavera-verano”.

No tener en cuenta la profundidad que requiere cada planta

A la hora de hablar de recipientes, hay que tener en cuenta la profundidad que requiere cada cultivo. Por ejemplo, no se puede sembrar una planta de tomate en una jardinera, porque necesita 40 a 45 centímetros de profundidad (lo que es equivalente a un balde de 20 litros).

Según Carlos, para que la producción sea buena se necesita que las raíces se puedan desarrollar correctamente. “Si eso lo coloco en un contenedor chico lo que voy a lograr es que la planta salga chiquita, mal formada, con estrés y sin los frutos debidos”.

No realizar la rotación de cultivos

Sembrar siempre lo mismo en el mismo lugar es otra de las grandes equivocaciones. Delgado explicó que “si todos los años sembramos lo mismo en la misma tierra lo que vamos a lograr es hacer un agotamiento total de ese sustrato y que la producción de las siembras sea mala.

Existe un instructivo de rotación de cultivos donde lo aconsejable es, por ejemplo: si hoy sembré habas acá, mañana siembro tomates”.

No regar después de sembrar

Después de la siembra la planta sufre un estrés que requiere el riego adecuado, señaló el especialista.

No planificar

Lo ideal es “planificar qué quiero de mi espacio de cultivo en relación al tiempo que tengo para atenderla”, señaló Lucrecia Michelotti, hortelana y técnica en jardinería agroecológica urbana.

Además, sostuvo que si bien no es que la huerta “insuma tanto tiempo, requiere atención. Si ponés aromáticas podés estar más despegado y si ponés cultivos de estación o de hojas te tenés que ocupar un poco más”.

No usar un buen sustrato

Es vital darle importancia a la calidad del sustrato. “La huerta necesita una tierra enriquecida, que tenga nutrientes”, aseguró la técnica.

Sobre este punto, Delgado agregó que hay que elegir el sustrato correcto porque “no es lo mismo el sustrato para un contenedor, una maceta o un cajón, que el sustrato que utilizamos en tierra”.

Cuánto sol es necesario

El lugar donde se va a armar la huerta debe recibir, como mínimo, entre 3 y 4 horas de sol. Delgado detalló que antes de sembrar se debe observar y pensar en esta cantidad de calor y luz natural para saber qué plantar. “No es lo mismo sembrar una planta de lechuga que una de tomate, que requiere mínimamente entre 6 y 8 horas de sol y mucha temperatura para que nos dé los frutos”.

En ese sentido, Michelotti destacó que hay que tener en cuenta la orientación del balcón, terraza, patio o pasillo: “Buscamos una orientación hacia el este o hacia el norte para aprovechar las primeras horas de luz”. “El sol de la mañana es el ideal”, añadió.

El riego exacto

Ni mucho, ni poco. Pero, ¿cómo darnos cuenta cuánto líquido es el necesario? Delgado brindó un tip sencillo para advertir el estado de esa tierra: introducir un lápiz y ver si sale húmedo o seco.

“Hay cultivos que requieren mucha cantidad de líquido y que por la falta de agua se producen sus distintas enfermedades. Otros, fundamentalmente muchas plantas aromáticas como el romero, la lavanda y el tomillo, que no requieren riego y humedad constante”, aseguró.

Por otra parte, instó a hacer un acolchado una vez sembrado todo para preservar la humedad en nuestros contenedores. Se trata de una suerte de cama encima de los espacios libres donde quedó el cultivo. Esto contrarresta un poco los rayos solares y retiene la humedad en el sustrato. Para eso, detalló, se utilizan paja seca, hojas secas o viruta de carpintería.

Rabanitos, todo el año. Foto ilustración Shutterstock.
Rabanitos, todo el año. Foto ilustración Shutterstock.

Para principiantes: las más fáciles de la primavera

La rúcula y los rabanitos son, según Michelotti, “las macanudas de la huerta por excelencia”. “Las podemos cultivar todo el año y son muy veloces en su desarrollo, por lo que si las familias están ansiosas por verlas crecer, van a tener muy prontas y lindas novedades”, dijo.

Las lechugas y acelgas, agregó, “en general no requieren grandes cuidados y se pueden armar buenos mix con sus amplias variedades”.

Berenjenas y pimientos son plantas de porte mediano que si tienen sol, espacio y agua también son grandes opciones.

Otra, según la experta, es la dupla tomate cherry y albahaca, “un poquito más trabajosas pero jamás imposibles. Si tienen buen sol, linda tierra, entutorado y riegos correctos dan muy buenas satisfacciones”.

“Las cucurbitaceas (pepinos, zapallitos veroneses, zucchini, lufas, calabazas y ancos) son plantas muy divertidas para guiar y generar tupidas galerías de hojas enormes que dan sombra y reparo en las épocas de sol hostil. Y no descartar las flores para que abunde la visita de polinizadores que son esenciales para la buena frutificación”, finalizó.

Plagas y corredores biológicos

Ante la aparición de plagas, Delgado aconsejó armar un corredor biológico. Allí se colocan plantas aromáticas mezcladas con flores dentro de la huerta. “Entre ellas generarán distintos olores y colores y confundirán a los insectos malos que no necesitamos tener en cantidad”, afirmó.

Michelotti, en tanto, recomendó disponerlo “cerca de la huerta en macetería auxiliar con caléndulas, cosmos, copetes, plantas aromáticas y salvias”.

Vía: clarin.com

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