Las bacterias detectadas en uno de los lugares más frío del planeta pueden fácilmente transferirse a otros microorganismos, como las bacterias patógenas (causantes de enfermedades), de acuerdo a la investigación.
Hasta hace muy poco tiempo, parecía una locura pensar que alguna forma de vida puede vivir y desarrollarse en un ambiente salino, totalmente oscuro y a menos de 13 grados bajo cero de temperatura durante todo el año escondido bajo más de 20 metros de hielo en uno de los lagos más aislados de la Antártida. Sin embargo, el hallazgo hace pocas décadas de los primeros organismos -casi todos ellos bacterias- extremófilos, capaces de vivir en condiciones de alta radiactividad, ausencia de luz, temperaturas de más de 100 grados o de enorme acidez, ha cambiado la forma de ‘mirar’ de los investigadores.
Con el pasar de los años, y a pesar de estas duras condiciones, los científicos han logrado encontrar allí una comunidad bacteriana sorprendentemente diversa y abundante que sobrevive sin aportación de energía solar. Los estudios previos al hallazgo revelaban que este ambiente salino, y las formas de vida que lo habitan, han permanecido aislados del exterior durante cerca de 3.000 años.
Bacterias que significan un potencial riesgo
Un grupo de investigadores de la Universidad de Chile ha descubierto recientemente en la Antártida bacterias «hiperresistentes» y alerta de que podrían significar un riesgo para la salud global. El hallazgo, que fue publicado en la prestigiosa revista Science of the Total Environment, es «de especial relevancia en el marco del cambio climático, el deshielo de los polos y la crisis de resistencia a antibióticos», según ha explicado la universidad.
Las bacterias descubiertas poseen genes que tienen resistencia a múltiples antibióticos y otras sustancias antimicrobianas, como el cobre, el cloro o el amonio cuaternario, y que pueden fácilmente transferirse a otros microorganismos, como las bacterias patógenas (causantes de enfermedades), de acuerdo a la investigación.

Intercambio de información genética de las bacterias
Andrés Marcoleta, líder de la investigación, establece que no «parece ser descabellada la idea de que estos genes puedan eventualmente llegar a bacterias que causen infecciones en humanos u otros animales, otorgándoles mayores capacidades de resistencia». Estas bacterias y sus genes, añade el experto, «no se asocian a contaminación o intervención humana, sino que son parte de las comunidades microbianas propias de estos suelos antárticos».
Entre dichas bacterias se encuentran las Pseudomonas, que presentan alta resistencia a condiciones extremas y sustancias tóxicas. Algunas de ellas causan enfermedades graves como la fibrosis quística, o las Polaromonas, que se reportaron previamente a ambientes polares urbanizables, como el metro en Siberia. «Esto reafirma que el contacto entre bacterias propias de ambientes polares y bacterias patógenas ya está ocurriendo, lo que podría propiciar el intercambio de información genética entre ellas», advirtió Andrés Marcoleta.
Fuente potencial de genes ancestrales
La investigación también revela que el cambio climático puede, de alguna manera, tener un impacto en la ocurrencia de enfermedades infecciosas, pues el deshielo expone microorganismos o información genética que permaneció congelada o enterrada por millones de años a un mayor contacto con humanos, animales y otros organismos.

Para Andrés Marcoleta, «ahora sabemos que en los suelos de la Península Antártica, una de las zonas polares más impactadas por el deshielo, habita una gran diversidad de bacterias, y que parte de ellas constituyen una fuente potencial de genes ancestrales que confieren resistencia a antibióticos». El descubrimiento, por tanto, permitiría al mundo científico «adelantarse al surgimiento de posibles nuevos mecanismos de resistencia en enfermedades infecciosas y guiar el diseño de nuevos antibióticos».
Fuente: 20minutos