El equilibrio terrestre del planeta y los cambios atmosféricos

El equilibrio terrestre del planeta y los cambios atmosféricos

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La atmósfera que rodea nuestro planeta está compuesta por un sistema muy complejo y del que depende el desarrollo de la vida. Es un sistema sujeto a la acción de múltiples variables que actúan simultáneamente y al que se le ha agregado una nueva fluctuación que rompe el equilibrio: la mano del hombre.

La Tierra reúne ciertas condiciones ideales y específicas que permite el desarrollo de la vida tal y como se conoce en la actualidad. No solo permite que los organismos puedan habitar el planeta, sino que también permite una evolución constante a partir de una selección natural otorgada por las condiciones ambientales presentes.

Atmósfera: composición y desarrollo de la vida

Debido a la posición de la Tierra en el Sistema Solar y la distancia idónea que tiene con respecto al Sol, la cantidad de radiación es suficiente como para albergar temperaturas estables. No sin la atmósfera se podría sobrevivir en este entorno, dado que los rayos ultravioleta del Sol atravesarían los tejidos de plantas, animales e incluso la piel del ser humano, provocando graves daños.

Por ello, la existencia de la atmósfera terrestre es de vital importancia para el desarrollo de la vida. El sistema atmosférico se encuentra en un equilibrio basado en la existencia de multitud de variables que actúan simultáneamente para construir lo que se denomina clima. Entre estas variables se encuentran la presión atmosférica, temperatura, precipitaciones, viento, radiación solar, humedad ambiental, etc.

La atmósfera está compuesta en su mayoría por gases como el nitrógeno y el oxígeno y menor medida por argón, dióxido de carbono y ozono. Este equilibrio mencionado anteriormente se debe a que la acción de todas las variables en conjunto crea un ambiente característico en función de la inclinación los rayos solares, la altitud y latitud en la que se encuentre. Sin embargo, a estas variables que han actuado desde la formación de la Tierra hace 4.800 millones de años, se le ha unido una nueva fluctuación: la mano del hombre.

Cambios atmosféricos provocados por la acción del ser humano

El ser humano ha tenido un desarrollo lento a lo largo de la historia pero que ha crecido exponencialmente desde el descubrimiento de los combustibles fósiles. Desde la llamada Revolución Industrial, la cantidad de dióxido de carbono que se ha emitido a la atmosfera se ha incrementado enormemente.

El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero con capacidad para retener calor proveniente de los rayos del sol. Mientras más cantidad de este gas esté presente en la atmósfera, más cantidad de calor se acumulará, provocando un aumento de temperatura a nivel global. A este fenómeno se le llama Calentamiento Global y es el causante de un efecto desencadenante conocido como Cambio Climático.

Al alterar el dióxido de carbono una variable que compone el clima, desencadena otros tipos de cambios como lo son las corrientes de aire y los eventos de precipitaciones. No solo el aumento en las emisiones de dióxido de carbono es lo que está provocando estos cambios atmosféricos a nivel global, sino que también afectan otras actividades del ser humano como la tala de árboles, el uso de combustibles fósiles y la acumulación excesiva de residuos. De esta forma, aunque el dióxido de carbono permanezca en baja concentración en la atmósfera, al jugar un papel fundamental en la dinámica global, cualquier cambio en su concentración rompe el equilibrio que hay en la atmósfera.

Conforme el ser humano se sigue desarrollando y emitiendo más cantidad de gases de efecto invernadero, se hace más difícil disipar el calor que se acumula en la atmósfera. Esto está desencadenando algunas consecuencias como una disminución de precipitaciones, aumento del nivel del mar, acidificación de los océanos, inundaciones y sequías, entre otros.

Hipótesis Gaia y equilibrio terrestre

La hipótesis Gaia, desarrollada por el científico James Lovelock en 1969, afirma que el planeta Tierra actúa como un ser vivo creador de su propio hábitat. Se habla de un sistema que controla los cambios que se producen a todas las escalas. Al igual que las capas de la Tierra están en un completo equilibrio entre destrucción y construcción de nueva corteza continental, las capas de la atmósfera generan la estabilidad que se necesita para desarrollar la vida.

Es entonces cuando, al meter la variable “ser humano”, el equilibrio se rompe y aumenta la entropía en el sistema. Entropía que se traduce como el impacto ambiental que están provocando las actividades del ser humano en la atmósfera y su dinámica.

Lovelock afirmaba la existencia de un control total sobre las variables que componían las diferentes entidades que conocemos como biosfera, hidrosfera, litosfera y atmósfera. Sin embargo, la acción del ser humano amenaza con alterar las zonas donde residen los circuitos más importantes del control planetario. Se refiere a las zonas donde se encuentran las selvas más densas, como la del Amazonas, y las plataformas continentales heladas como lo es la Antártida y todos los glaciares del mundo.

Consecuencias de los cambios atmosféricos

Aunque las consecuencias derivadas de los cambios atmosféricos que provoca el calentamiento global aún no están bien definidas, existen varios modelos que simulan los efectos del incremento de la temperatura. Estos modelos vienen recogidos en los estudios que se publican como informes en la página web del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático).

Entre las conclusiones a las que se llegan en la mayoría de estudios se observan cambios en la vegetación, impactos negativos en bosques a causa de enfermedades, plagas e incendios, mayor gasto energético para refrigerar, efectos perjudiciales sobre la flora y fauna que viven en zonas heladas como Groenlandia, reducción del permafrost y cambios en las precipitaciones tanto de lluvia como nieve.

La consecuencia que en sí llama más la atención quizá sea la del aumento del nivel del mar a causa del derretimiento de los casquetes polares. Se estima que para finales de este siglo el nivel del mar habrá aumentado entre 26 y 81 centímetros, provocando un éxodo de las ciudades costeras de todo el mundo. Además, los recursos de agua dulce se verán mermados por la intrusión de agua marina en acuíferos de agua dulce, haciendo disminuir su disponibilidad.

La solución, ayudar a Gaia a reconducir de nuevo el equilibrio terrestre, reduciendo los cambios atmosféricos, conservando el entorno y optimizando los recursos naturales, para así conseguir que la sociedad actual pueda vivir en armonía durante muchos más años.

Vía: Tiempo (Revista RAM)

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